Miga de pan
En un coche detenido por el tráfico de una carretera costera, bajo un sol implacable, una familia enfrenta algo más que el calor. Un hombre conduce en silencio, una mujer observa el paisaje con una atención cargada de pensamientos, y su hijo duerme en el asiento trasero, ajeno a la tensión que crece. El viaje, breve en kilómetros, se alarga en tiempo y conciencia. La falta de aire, el sudor y la monotonía activan recuerdos, reproches y decisiones no dichas. Cada gesto cotidiano se vuelve significativo: una botella de agua casi vacía, una miga de pan sobre el asiento, una palabra que no se pronuncia. Mientras el coche avanza a trompicones, la pareja revisa mentalmente los pactos que los unieron y las fisuras que han aprendido a ignorar. El niño, símbolo de continuidad y fragilidad, se convi…