Tarde para vivir
Lourdes, asistente social durante más de treinta años, se enfrenta al vacío que deja su jubilación al cerrar su etapa laboral. Sin hijos ni compromisos, se ve obligada a reconstruir su identidad en un contexto que le resulta ajeno. Decide explorar nuevas oportunidades afectivas a través de aplicaciones de citas, pero se encuentra con una realidad hostil, marcada por la superficialidad, el rechazo y la desconexión emocional. Cada intento fallido acentúa su sensación de desubicación y pérdida, enfrentándola a la evidencia de que el tiempo no puede recuperarse. La novela se configura como un retrato crudo de la soledad urbana y de las consecuencias irreversibles de las decisiones postergadas.